Domingo Caicedo, el vicepresidente que defendió la institucionalidad

Se cumplen 235 años del nacimiento de Domingo Caicedo. Ejerció en varias ocasiones el poder ejecutivo por la ausencia de los presidentes titulares. Sus gobiernos se caracterizaron por promover la separación de poderes, la paz, la concordia y el respeto a la ley lo que permitió que el país sostuviera sus instituciones en medio del conflicto.

Por: Alejandro García Hernández

Domingo Caicedo nació en Santafé el 4 de agosto de 1783. Sus padres fueron Luis Caicedo y Flórez, quien fue uno de los que firmó el inolvidable memorial de agravios de Camilo Torres, y Josefa Santamaría y prieto. Estudió Derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. En esta institución laboró como docente y vicerrector.

Domingo

En 1809 tuvo la representación de los cabildos de Santa Fe y Cartagena ante las cortes españolas. En septiembre de 1810 fue nombrado diputado suplente por el Nuevo Reino de Granada y secretario de las Cortes de Cádiz. Se unió al ejército Español para enfrentar la invasión napoleónica y el 5 de marzo de 1811 combatió en la batalla de la Barrosa bajo las órdenes del general Sayas.

Tras enterarse del grito de independencia del 20 de julio de 1810, en el que participó su hermana Eusebia Caicedo, Domingo decidió regresar a la Nueva Granada para unirse al ejército patriota y apoyar la independencia del país.

Llegó en diciembre de 1811 y fue nombrado inmediatamente como miembro del Consejo del gobierno de Antonio Nariño. Posteriormente, Nariño lo nombro oficial de las tropas bisoñas, con las cuales combatió en Tunja con el ejército centralista en contra de los federalistas y por su actuación recibió el título de teniente coronel.

Domingo Caicedo participó en la negociación de paz para terminar la guerra civil entre federalistas y centralista, culminando con la firma del Tratado de Santa Rosa del 30 de julio de 1812. Este tratado declaraba el eterno olvido de los hechos pasados con paz, con sólida paz, buena armonía y amistad republicana. Sin embargo, la confrontación se reanudó por las actitudes hostiles de Nariño y Baraya. El 9 de enero de 1813 Caicedo resistió junto a Nariño el asedio a Bogotá, obteniendo el grado de Coronel por sus actuaciones.

El 4 de marzo fue nombrado Sub-presidente de la villa de purificación, cargo en el que apoyó la Campaña del Sur de Antonio Nariño y convenció a los esclavos a que lucharan con heroísmo para obtener su libertad. En 1814 y 1815 fue diputado al Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Se casó con Juana Jurado y Bertendona, hija del oidor Juan Jurado y Laínez y de Concepción Bertendona, con quien tuvo cuatro hijos y tres hijas.

Según Hernández (1943) Caicedo auxiliaba sin distinción a las víctimas de las guerras logrando que su casa se considerara un asilo que nadie violaba, lo cual favoreció a muchas familias víctimas durante los conflictos de 1815-1816, 1830-1831 y la guerra de los supremos.

En 1816 Caicedo combatió en las batallas de la Cuchilla del Tambo y La Plata en las que el ejército patriota fue derrotado y marcó el inicio del régimen de terror del pacificador Pablo Morillo. Caicedo fue hecho prisionero y condenado a muerte por los realistas, pero su suegro y su esposa pagaron a las autoridades españolas para que en cambio le impusieran la pena de abstención de acciones bélicas, con lo cual se retiró a su hacienda de Saldaña hasta que se enteró de la victoria del ejercito patriota en la batalla de Boyacá.

Caicedo salió de su hacienda a luchar por la independencia, con la ayuda de sus sirvientes y jinetes, y de los mineros, ganaderos y labradores que convencía a que se le unieran. Su labor en la guerra fue clave para liberar el sur de Colombia de los españoles.

Bolívar y Caicedo

Después de la culminación de la independencia y la consolidación de la Gran Colombia, Bolívar nombró a Caicedo Gobernador y comandante general de brigada de la provincia de Neiva. En 1823 y 1824 fue Representante a la Cámara de la provincia de Neiva y en 1823 fue el presidente de la Cámara. Hernández (1943) afirma que en 1825 Caicedo fue nombrado por Guatemala como su ministro residente ante Colombia para contribuir la liga, unión y confederación de ambas repúblicas. En 1826 y 1827 fue senador por Cundinamarca. Conforme a Martínez (2008) en 1827 fue el vicepresidente del senado y el presidente por la renuncia de Luis Andrés Baralt, pero después también renunció.

En 1827 Bolívar promovió en el Congreso de Colombia que se convocara una gran convención en Ocaña el 2 de marzo de 1828 para reorganizar el Estado. La nación esperaba que en esta convergerán y se conciliarán todas las diferentes posiciones. Sin embargo, Bolívar pretendía que se le reconociera un poder discrecional sin límites y finalmente se disolvió la convección por falta de quórum decisorio por la inasistencia de 21 disputados que apoyaban a Bolívar.

El 13 de junio de 1828 los seguidores de Bolívar se sublevaron en todas las provincias, a excepción de Manatí y Coro, proclamaron dictador a Bolívar por el tiempo que él creyera necesario y le otorgaron un poder ilimitado. Bolívar gobernó bajo estas condiciones hasta el 4 de mayo de 1830 y Domingo Caicedo siempre lo apoyó.

Bolívar estableció un consejo de Estado para que le ayudará en la administración del país. Este Consejo le ayudó a Bolívar a expedir el decreto orgánico del 27 de agosto de 1828 que declaraba a Bolívar como jefe supremo de la nación de Colombia, con un poder ejecutivo absoluto y discrecional, auxiliado por un Consejo de Ministro y un Consejo de Estado.

Desde el 21 de diciembre de 1828 Caicedo fue nombrado de nuevo por Bolívar como gobernador de la provincia de Neiva hasta que el 15 de enero de 1829 decidió renunciar al cargo. En este puesto se encargó de proporcionar recursos, allanar caminos y organizar la marcha del ejército de Sucre, Córdova y Bolívar para enfrentar la rebelión en Perú y en Cauca. Según De Mier (1983) Caicedo fue encargado de la prefectura de Cundinamarca el 4 de octubre de 1829.

El 18 de enero de 1830, el presidente Bolívar nombró a Caicedo ministro del Interior y de Relaciones Exteriores, por las renuncias presentadas por José Manuel Restrepo y Estanislao Vergara. El 1 de marzo de 1830 fue nombrado presidente del Consejo de ministros y el 2 de marzo Bolívar le entregó el poder ejecutivo para irse a descansar en la hacienda quinta de Fucha.

El Congreso de la República expidió la constitución política de 1830 que establecía un régimen central pero que creaba cámaras municipales y departamentales en donde se podía deliberar y resolver las problemáticas locales, de este modo se pretendía satisfacer a los que propugnaban por un régimen federalista.

El gobierno de Mosquera y Caicedo

Bolívar presentó su renuncia irrevocable como presidente por su estado de salud. Debido a ello, el Congreso Nacional eligió a Joaquín Mosquera como presidente y a Domingo Caicedo como vicepresidente, le agradeció a Bolívar su labor y le reconoció una pensión anual de treinta mil pesos para el resto de su vida. Bolívar salió de Bogotá con rumbo a Inglaterra. El vicepresidente Caicedo ejerció el ejecutivo en varias ocasiones por ausencias temporales del Presidente Mosquera.

El vicepresidente Caicedo le quitó la competencia a los comandantes generales de conocer de los juicios contra los conspiradores y derogó la función judicial de los prefectos, gobernadores y jefes políticos para otorgar el conocimiento de estos asuntos a los jueces, según De Mier (1983) .

Para la publicitación de la nueva constitución se expidió el decreto del 11 de mayo de 1830 que pretendía presentar la Constitución a Venezuela para que dieran sus observaciones, se evaluaran las mismas y finalmente se aceptase la constitución y la reunificación de la Gran Colombia.

El presidente Mosquera hizo las gestiones necesarias para evitar de forma diplomática y pacífica la separación Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Sin embargo, Venezuela, Ecuador y las provincias de Neiva, Cúcuta y Socorro se opusieron a la nueva constitución por sostener un régimen central, pero accedían a mantener la unión si se convocaba un congreso constituyente que declarara el régimen federal en el país.

El presidente Mosquera accedió a celebrar una convención colombiana que integrara los intereses y diferencias de todos y resolver la mayoría de ellos. Las negociaciones con Venezuela iban por buen camino. Aránzazu afirmaba que el congreso de Venezuela simpatizaba con la idea de unirse a Colombia cómo Estado federado.

Desafortunadamente, Simón Bolívar nunca se fue a Inglaterra, se había instalado en Cartagena en donde organizó un ejército para someter a Venezuela al régimen central y volverse a proclamar jefe supremo de la Gran Colombia.

El plan de los partidarios de Bolívar inició usando la desinformación, los argumentos falaces y la manipulación de hechos para exaltar las pasiones contra los venezolanos y el régimen federalista. Organizaron un movimiento revolucionario al oriente de Venezuela en el cantón de Rio Chico, al que le enviaron armas, municiones y oficiales. Sin embargo, Venezuela sofocó la revolución.

Tras este revés, Bolívar incitó al Congreso y a sus seguidores a declararle la guerra a Venezuela para proteger la voluntad popular de su pueblo que se había levantado contra el gobierno, que quería conservar la integridad del territorio y el régimen centralista.

Ante la presión política, el Presidente Mosquera respondió que esa revolución no representaba la voluntad popular del pueblo de Venezuela, que una guerra terminaría de quebrar al país y que lo mejor para conservar la integridad del territorio es que de manera pacífica se reúna un congreso constituyente en el que se escuche los intereses de todas las regiones.

Por lo anterior, los seguidores de Bolívar iniciaron una conspiración para derrocar al presidente y establecer a los militares en el poder. La conspiración en Bogotá la lideró el General Rafael Urdaneta, quien contaba con el apoyo del Batallón Callao y las milicias de Gachancipá, Socorro, la sabana, Tunja, Cartagena, Mompós, Honda y Mariquita.

Tras la traición del Batallón Callao, el presidente Mosquera buscó el dialogo con los conspiradores quienes exigieron que se nombrara a Urdaneta ministro de guerra, la retirada de la ciudad de la tropas que apoyaban al gobierno y la amnistía total de todos los sucesos. Mosquera aceptó nombrar a Urdaneta ministro, otorgar la amnistía total y propuso mantener en la ciudad la misma cantidad de tropas entre los que apoyaban al gobierno y los que no.

El Presidente confió en Urdaneta y le encomendó la tarea de lograr el orden de forma pacífica y aplicar la amnistía. El General Urdaneta informó que había reunido el ejército conspirador en Fontibón para cumplir lo encomendado, pero que el ejército se reusó a pactar la paz y rechazó la amnistía porque querían quedarse con el poder.

Finalmente, gracias al ingenio militar de los conspiradores y la falta de disciplina del ejercito del gobierno, gran parte del ejército del presidente Mosquera fue masacrada en la batalla de Puente Grande y este decidió firmar las capitulaciones del 28 de agosto en las que se pactó la rendición de Mosque, el destierro de once dirigente liberales, se declaró al Batallón Callao cómo el único cuerpo del ejército de la capital y se garantizó que la población de Bogotá no fuera masacrada, saqueada, ni los soldados fueran perseguidos y juzgados.

El 4 de septiembre de 1830 el presidente Mosquera y el vicepresidente Caicedo renunciaran oficialmente al gobierno. El general Rafael Urdaneta encargó a Simón Bolívar el mando supremo de Colombia y asumió el cargo hasta que llegara Bolívar a Bogotá argumentando que la elección de Mosquera era nula porque fue a la fuerza y no tenía las capacidades para gobernar. Mosquera salió del país a mediados de octubre y Caicedo se retiró a su hacienda de Saldaña.

El dictador Urdaneta fue desaprobado, despreciado y odiado en diversas regiones del país y se inició una lucha en su contra. Por ello, el 13 de Noviembre expidió un decreto que les permitía a los militares emplear todas las medidas que se requiera para sofocar insurrecciones o incursiones, lo cual propiciaba el abuso de los militares. Este decreto ocasionó que las provincias cercanas a Ecuador y Venezuela se sublevaran. Por su parte, Urdaneta preparó dos ejércitos para sofocar la sublevación y conquistar Ecuador y Venezuela.

El primer ejercito partió hacía Santa Marta para unirse a Bolívar y luego marchar hacia Riohacha, Venezuela. Sin embargo, Bolívar no pudo unirse por su estado de salud. El ejército logró ocupar Riohacha, pero los batallones fueron mermados por las guerrillas de Venezuela, por lo que no pudieron seguir marchando hacia Maracaibo y sólo pudieron defender Riohacha. Urdaneta se desesperó por la situación y le pidió a Bolívar que asumiera el mando del País. No obstante, el General murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830.

El segundo ejército se enfrentó contra el ejército de Obando el 1 de febrero de 1831 cerca de Palmira, apenas inició el combate un batallón y un escuadrón de caballería se cambió de bando y se unieron a Obando, por lo que su victoria fue inevitable.

Ante el avance de las tropas rebeldes, Urdaneta propuso el cese de hostilidades y después de varias negociaciones se firmó el convenio de Apulo el 28 de abril de 1831. Mediante este acuerdo, Caicedo reasumió el mando del país por ser el vicepresidente legítimo y por la ausencia del presidente, Urdaneta reconoce la legitimidad del gobierno, se declara el olvido de todo lo pasado, la reconciliación nacional y el gobierno se comprometía a convocar una convención para aprobar una nueva constitución. El general Urdaneta se retiró del poder y de las actividades públicas y militares de la Gran Colombia y regresó a su tierra.

La fracasada presidencia de Urdaneta acabó con las posibilidades de unificar Ecuador, Colombia y Venezuela en un Estado. El historiador Germán Arciniegas opina que la Gran Colombiana sólo se podía sostener con un sistema federalista, cómo lo hizo Estados Unidos de América. Por el contrario, Bolívar y sus seguidores se encarnizaron en una guerra para establecer un sistema central con un poder ejecutivo vitalicio ocupado por Bolívar.

Caicedo después de la disolución de la Gran Colombia

El 3 de mayo de 1831 el Vicepresidente Caicedo se encargó del poder ejecutivo. Caicedo solicitó a Mosquera su regreso a Colombia para asumir la presidencia, pero este se negó por observar que su periodo iba a terminar, rehabilitó en sus grados y honores al general Santander, disolvió al Batallón Callao, separó de los mandos militares a los bolivianos, repatrió a los venezolanos, redujo el ejército, aceptó la separación de Ecuador y Venezuela, consiguió de forma pacífica y violenta que el resto del territorio no se dividiera y para fomentar la concordia y lograr el olvido absoluto y perfecto prohibió que se hablara de lo ocurrido con el General Urdaneta.

El gobierno instaló la convención el 20 de octubre de 1831. Según Quintero (2008) los bolivianos no asistieron a la convención, por lo que sólo asistieron los santanderistas, quienes se dividieron entre liberales moderados y draconianos.

La convención aprobó la Constitución Política de 1832, conformó el Estado de la Nueva Granada y nombró al general Francisco de Paula Santander como presidente y al general José María Obando como vicepresidente. La nueva constitución garantizó la separación de poderes, estableció que los senadores, los jueces, los magistrados, los gobernadores, el presidente y el vicepresidente fueran elegidos cada cuatro años y los representantes y los diputados cada dos años, el presidente no podía ser reelegido en el periodo inmediato, sería auxiliado por un consejo de Estado conformado por siete ministros nombrados por el Congreso, para ser elegido se requería ser dueño de bienes raíces o tener un salario alto, excepto para ser elegido como gobernador o diputado a la cámara provisional.

Las asambleas electorales eran las encargadas de elegir al Presidente, al vicepresidente y las corporaciones públicas, estos electores tenían que ser mayores de 25 años o estar casado y saber leer y escribir. Los sufragantes parroquiales elegían cada dos años a las asambleas electorales, este sufragante tenía que ser mayores de veintiún años o estar casados, tener una subsistencia asegurada y no ser jornalero o sirviente doméstico.

El país se dividiría por provincias y se les otorgo un mayor poder y representación porque cada una tendría un gobernador y una cámara provincial, la cual participaba en el proceso de elección de magistrados y jueces. El Estado reconoce y garantiza los derechos a la libertad personal, de expresión y de empresa, la seguridad, la propiedad, la igualdad, a reclamar sus derechos, al trabajo y a las garantías legales a quien se sospeche, se ha acusado o condenado por cometer un delito o este privado de su libertad. Prohíbe la condena por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos y las injerencias arbitrarias o ilegales en su casa. Por último, establecía que todos los bienes raíces son enajenables.

En 1832 Caicedo fue miembro del Consejo de Estado, en 1834 fue senador y en 1836 fue gobernador de Neiva, de acuerdo a Hernández (1943). Durante el gobierno del presidente José Ignacio de Márquez, 1837-1841, fue nombrado secretario de Hacienda y posteriormente Vicepresidente.

Vicepresidente durante la guerra de los supremos

Caicedo volvió a ejercer el poder ejecutivo durante la guerra de los supremos porque el presidente decidió salir de la capital por el riesgo a que fuese tomada y él fuera capturado por sus contendores. Le correspondió defender la ciudad del asedio hasta que finalmente Márquez y los generales Herrán y Mosquera regresaron con sus ejército y lograron que la ciudad no fuese capturada.

Hernández (1943) afirma que Caicedo volvió a ocupar el cargo de vicepresidente en las elecciones de 1841 y se eligió como presidente a Pedro Alcántara Herrán. El General Herrán decidió liderar la segunda división del ejército para obtener la victoria definitiva de la guerra de los supremos. Por lo que le correspondió al vicepresidente Caicedo encargarse del poder ejecutivo.

Durante este corto gobierno impulsó la educación pública, estimuló las industrias y dictó el decreto de 3 de mayo de 1842 que encargó las misiones con los indígenas y la educación de la República al instituto de la Compañía de Jesús. Siendo vicepresidente murió el 1 de julio de 1843 en el camino de Bogotá a su hacienda.

Bibliografía

Ocampo, Javier. “Domingo Caycedo”. Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías. http://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/Domingo_Caycedo

Arciniegas, Pedro. “Domingo Caicedo”. Revista Credencial historia. Bogotá. Septiembre de 2011. http://www.revistacredencial.com/credencial/historia/temas/biografias-6

Castaño, Luis. “José Hilario López”. Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías. https://www.colombia.com/colombia-info/historia-de-colombia/presidentes-de-colombia/jose-hilario-lopez/

Germán Arciniega. Prologo en “Testimonio de una amistad: Francisco de Paula Santander y Joaquín Mosquera” Academia Colombiana de Historia. Plaza & Janés Editores Colombia. Segunda edición. 1984. Bogotá, Colombia.

Quintero, Demetrio. “El pasado de Colombia”. Cargraphics S.A. Segunda edición. Medellín. 2008. https://books.google.com.co/books?id=39tbFhtFDwgC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false

Valencia, Jorge. “Cronología para una Historia del Turismo de Bogotá D.C.”. Alcaldía Mayor de Bogotá D.C. Instituto distrital de turismo. Bogotá. 2011. http://www.bogotaturismo.gov.co/sites/default/files/archivo/cronologia_bogota__c__jvc_19.03.2011.pdf

Martínez, Armando. “La agenda de Colombia. 1819-1831”. Tomo II. Universidad Industrial de Santander. Dirección Cultural. Bucaramanga. 2008. https://www.uis.edu.co/webUIS/es/bicentenario/documentos/BICENTENARIO_AGENDA_TOMOII.pdf

Constitución del Estado de la Nueva Granada, dada por la Convención Constituyente en el año de 1832. http://babel.banrepcultural.org/cdm/singleitem/collection/p17054coll10/id/2295

Porto, Raúl. “General Domingo Caicedo y Santa Marta”. Boletín historial Vol. 9, no. 85. Cartagena. Abril de 1945.

Hernández, Guillermo. “Elogio del General Domingo Caycedo Santamaría”. Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario Vol. 38, no. 371-372. Bogotá. 1943.

De-Mier, José. “La Gran Colombia”. Carlos Valencia Editores. Bogotá. 1983.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s