Jaime Pardo Leal, el candidato presidencial que murió por querer transformar al país

Prospectiva en Justicia y Desarrollo conmemora los 30 años del magnicidio de Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la Unión Patriótica que siempre luchó por defender a las personas de las injusticias. Su más grande sueño fue consolidar la igualdad, la legitimidad, la justicia, la paz y la democracia en el país.

Por: Alejandro García Hernández

Jaime Pardo Leal nació el 28 marzo de 1941 en Ubaque, Cundinamarca. Jaime nació en el seno de una familia campesina liberal conformada por su madre Lucía y su tío materno Vicente. Por su inteligencia logró conseguir una beca en el colegio de Choachí.

Desde temprana edad Jaime empezó a interesarse por defender a las personas víctimas de injusticias. Ejemplo de ello fue una protesta que organizó junto a sus compañeros de colegio por el maltrato que sufrían por parte de sus profesores. Sin embargo, las directivas del colegio no le dejaron seguir estudiando por su carácter crítico y por ser de familia liberal.

Jaime Pardo

Jaime Pardo Leal junto a su tumba. Foto: Lidio.m32 y Prospectiva en Justicia y Desarrollo.

Según Romero (2012), Jaime se tuvo que trasladar a Bogotá a estudiar en un colegio privado para poder acabar su bachillerato. De acuerdo a Ortiz (2008), en 1954 el pequeño Jaime de 13 años, fue testigo de un hecho que marcó su vida. El 8 de junio, durante la conmemoración del estudiante caído, fue asesinado el estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo.

Al día siguiente, Jaime y otros estudiantes salieron a marchar por la muerte de Gutiérrez y en contra del Gobierno de Rojas Pinilla. La marcha fue violentamente reprimida, dejando un saldo de 12 estudiantes muertos, Jaime logró escapar del lugar. A partir de este suceso, Jaime decidió ser opositor de la dictadura y defensor de la educación pública, por ello se unió a la Juventud Comunista (Juco) y  decidió ser un líder estudiantil.

Siendo estudiante de derecho de la Universidad Nacional de Colombia se caracterizó por ser un líder del movimiento estudiantil. Según Romero (2012), dos meses antes de graduarse fue expulsado por participar en una huelga.

Según Ortiz (2008), en 1962 Jaime participó y fue secretario en los comités de defensa de la revolución cubana. Desde allí, explicó en varios escenarios que la revolución cubana era un triunfo para el anticolonialismo, el antiimperialismo y el socialismo, que propendía por servicios extendidos, educación del pueblo y democracia.

Finalmente, Pardo fue reintegrado a la universidad por una amnistía académica y se gradúo en 1966 con la tesis “la clase obrera ante el derecho social”. Continúo su vida en su Alma Máter como profesor de derecho penal.

De acuerdo a Ortiz (2008) para él era un orgullo dictar la misma clase de Jorge Eliecer Gaitán y siempre estuvo comprometido con sus estudiantes, debido a que la Universidad Nacional de Colombia prepara profesionales con la capacidad de lograr un cambio favorable para todos.

Conforme a Ortiz (2008), en la década de los sesenta el Estado constituyó un sistema de poder clientelista y un modelo de seguridad militar. El sistema clientelista, había provocado que los puestos del Estado, la gestión y la administración pública dependieran del favor, la ganancia de votos y la contraprestación política.

Por otro lado, el modelo de seguridad militar, promovía la fuerza contra cualquier forma de resistencia civil, la restricción de derechos y la negación de principios democráticos. De este modo, la oposición política y social fue criminalizada. Así mismo, se organizó, movilizó y dotó a la población civil para “contribuir a la defensa nacional”.

Jaime Pardo hizo una larga carrera en la rama judicial, comenzando cómo un escribano y llegando a ser magistrado de la sala penal del Tribunal Superior de Bogotá hasta 1985. En la rama se caracterizó por reunir todos los rasgos que conforman el perfil del juez por excelencia, rechazar el estatuto de seguridad de Turbay Ayala, denunciar el estado de sitio y las arbitrariedades del militarismo.

En 1968 Pardo fundó y precedió por 20 años Asonal Judicial, desde la cual logró representar a la mayoría de trabajadores de la rama judicial y lideró 15 huelgas buscando la dignidad de los jueces y condiciones indispensables para lograr la eficacia de la justicia.

Según Ortiz (2008), en la década de los setenta Pardo hizo parte de la consolidación de una generación de resistencia de la cual se destaca la aparición del M-19 y del movimiento Firmes. Así como manifestaciones y acciones populares de inconformismos de los campesinos, estudiantes, indígenas y obreros.

De acuerdo a Ortiz (2008), durante sus años de sindicalista logró la implementación del empleo de carrera que le otorgaba a los servidores públicos estabilidad laboral e independencia de los partidos políticos, mejoró los lugares de trabajo, los salarios y la seguridad de los trabajadores.

Pardo lideró protestas por la muerte de los integrantes de su sindicato y por el abuso de la policía que interrumpía la acción judicial. Así mismo, lideró el paro de los empleados judiciales por el holocausto del palacio de justicia. Cuando se retiró de la rama continúo su actividad sindical en Fenaltrase.

Conforme a Ortiz (2008), desde su papel cómo juez defendió la salida negociada del conflicto y se comprometió con el proceso de paz con las Farc y el M-19. En su concepto, con el cambio de la violencia por la resistencia política, se evita el aumento de las víctimas por el conflicto armado, que afectaba en mayor medida a personas humildes.

Para Ortiz (2008), la década de los ochenta se caracterizó por la radicalización de las fuerzas armadas por la implementación del estatuto de seguridad y la búsqueda de salidas negociadas al conflicto.

Según Ortiz (2008), para sostener la política de seguridad militar, el Estado inició un plan de terrorismo estatal que se basó en introducir y fortalecer en la población la idea de que el comunismo es peligro, que el ateísmo va contra la moral, que la participación del pueblo en la política es peligrosa, el rechazo a las críticas sobre el sistema y la importancia de fortalecer las fuerzas militares para la defensa de la nación y las instituciones. Asimismo, el Estado creó, apoyó y fortaleció organizaciones paraestatales para controlar las regiones y combatir a los grupos guerrilleros.

En 1984, las Farc y otros grupos guerrilleros firmaron un pacto de 10 puntos que se denominó “Acuerdo de Cese al fuego y Tregua”. En opinión de Pardo, era trascendental el dialogo, el entendimiento y la reconciliación para desaparecer la violencia del país.

Sin embargo, el Estado continúo con su política de seguridad militar que fortalecía el autoritarismo estatal que no permitían criticar, juzgar ni cambiar. De este modo, el Estado sacrificaba la legalidad y la humanidad por la estabilidad interna de la nación.

A partir del acuerdo con los grupos guerrilleros nació la Unión Patriótica (UP) en 1985, que desde su gestación comenzó a ser víctimas de genocidio político. Siendo parte de la Dirección del Partido Comunista Colombiano, aceptó la petición de varios sectores sociales para ser el candidato presidencial de la Unión Patriótica.

Según Galán (1987), Jaime se dedicó a abrir el camino a los guerrilleros que pasaban de tratar de cambiar el sistema institucional por medio de la fuerza, a retornar a la vida política dentro de la legalidad.

El genocidio político de la Unión Patriótica se debió a que la élite política tradicional, miembros del ejército, narcotraficantes, paramilitares, terratenientes, ganaderos y empresarios se habían concertado para implementar un sistema de gobierno militar que les permitía sacar provecho de actividades ilegales.

De este modo, usaban las fuerzas armadas y ejércitos privado para mantener el control del país, matando a todos los opositores que amenazare con cambiar el sistema o que pudiera ascender al poder.

Pardo asumió el liderazgo de la colectividad revelando la red criminal que asesinaba a los miembros del partido, sindicalizó responsables, mostró pruebas y reclamó justicia. Adicionalmente, denunció que se había infiltrado personal de inteligencia para espiar profesores y alumnos que simpatizaban o eran miembros de grupos de izquierda.

Así mismo, acusó a miembros del ejército por pagar a grupos armados y a sicarios para reprimir a la oposición. Por último, denunció que el ejército también estaba matando a todos los que supieran algo de lo ocurrido en el palacio de justicia.

Las fuerzas militares  empezaron a promover la idea de que Pardo era el jefe supremo de las guerrillas del país. El éxito en la difusión de esa idea hizo que el candidato presidencial dijera públicamente que la UP no era el brazo político de las Farc ni un grupo subversivo.

Por el contrario, Pardo tuvo que argumentar que  era un movimiento político que encontraba como contradictores a los miembros del ejército que tenían el propósito de exterminarlos, apoyando organizaciones paramilitares y manipulando los comunicados para ocultar la verdad.

Pardo participó en las elecciones presidenciales de 1986, quedando en el tercer lugar con 328.756 votos para la izquierda. La disputa electoral la ganó Virgilio Barco, quien recibió un país en extrema tensión social y política por la ruptura del proceso de paz, marchas de protestas, paros cívicos, crecimiento de acciones violentas de los grupos guerrilleros, paramilitares y carteles de droga.

Según Ortiz (2008), figuras públicas del país justificaban la creación de los grupos paramilitares por la amenaza de las guerrillas y la falta de apoyo a las fuerzas armadas. Así mismo, Pardo acusó al Presidente Virgilio Barco de aceptar las acciones del ejército y los grupos paramilitares cuando dijo en una revista inglesa que la Unión Patriótica era el partido de la guerrilla.

Dos semanas antes de su muerte, Pardo citó en el capitolio a todos los sectores políticos para intentar una salida democrática, civilizada y solidaria a los asesinatos de los miembros de Unión Patriótica y a los amenazados de muerte por sus ideales políticos. A la cita sólo asistió el nuevo liberalismo, liderado por Luis Carlos Galán, y el Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia.

El 11 de Octubre de 1987 Jaime Pardo Leal murió asesinado por sicarios en la vía La Mesa. Su muerte indignó al país y al mundo, ocasionando graves disturbios. Fue asesinado en defensa de la “seguridad nacional” de un sistema militar financiado por sectores ilegales, porque los líderes de la izquierda se consideraban “enemigos internos” que podían ascender al poder y arrebatar el control del país a las elites económicas y políticas que se beneficiaban con la violencia del país.

Jaime Pardo fue un hombre que se ganó el respeto de todos por: su valor personal, laboriosidad, sinceridad, sencillez y serenidad.  Así mismo, su proyecto político ganó la simpatía de gran parte de la población por su mensaje de democracia y paz. Pardo fue conocido por ser sociable, alegre y humorista. Antes de su muerte, las encuestas le daban el 32% de favorabilidad en el país.

Pardo quiso transformar la realidad desde la academia, la acción sindical, la ley y la acción política. Consideraba fundamental conocer y analizar los acontecimientos para poder transformarlos. De este modo, Jaime soñaba con transformar el Estado colombiano para consolidar la igualdad, la legitimidad, la justicia y la paz.

De acuerdo a Ortiz (2008), Pardo consideraba que la violencia en Colombia se debía a la represión estatal, a las necesidades insatisfechas, a la limitación y exclusión política. Por ello defendió el delito político porque este se podía presentar en regímenes que no respondían por el bienestar y derechos de las personas.

Para Galán (1987) la muerte de Jaime Pardo, significó para el país la perdida de uno de los líderes con mayor autoridad intelectual y moral para demostrar la necesidad  y la validez de una sociedad pluralista y democrática. Pese a ello, pidió que su recuerdo inspire fe y esperanza para que Colombia por fin alcance la paz.

Luis Carlos Galán pidió justicia por los actos abominables de la cadena de crímenes contra dirigente de la Unión Patriótica. En su opinión, todo crimen político amenaza los derechos fundamentales de todos los colombianos porque desmorona las instituciones  y amenazan con destruir la nación.

Desafortunadamente, la unión entre empresarios, políticos, miembros del ejército, paramilitares y narcotraficantes continuaron con el asesinato selectivo de miembros de Unión Patriótica y en general de toda persona que se opusiera al sistema de dominio que habían instaurado en el país por medio de la opresión y los recursos ilícitos.

La paz se desvaneció en el país por el incumplimiento del gobierno a lo pactado, por la persecución, desprotección y asesinato de los miembros de los nuevos grupos político, cómo parte de un plan sistemático del Estado, y por el fortalecimiento de las organizaciones paramilitares y carteles de droga.

Según El Espectador (2014), durante el genocidio a la Unión Patriótica fueron asesinados: 2 candidatos a la presidencia, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y  más de 5.000 militantes, casos que en su mayoría se encuentran en impunidad.

Pardo murió en una época en la que la sociedad colombiana se había acostumbrado a los asesinatos, al punto que todos sabían a quién iban a matar. La cadena de asesinatos selectivos llevó al atraso de Colombia porque murieron importantes líderes políticos que soñaban con cambiar la situación de violencia e inestabilidad para lograr la consolidación de la paz, la democracia y el desarrollo en el país. Entre ellos se encuentran Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Carlos Pizarro, Manuel Cepeda, Bernardo Jaramillo, Leonardo Posada, Jaime Pardo Leal, entre otros.

Los magnicidios de estos líderes nos recuerdan las desgracias que trajo al país la guerra, el narcotráfico, el terrorismo estatal y el fracaso del proceso de paz. De modo que su recuerdo viene a nosotros para evitar que se repita la historia y así consolidar una paz estable y duradera en todo el territorio nacional.

En 1989 se erigió en Bogotá en la avenida Américas con carrera 42 un monumento a la memoria de Jaime Pardo Leal. Sin embargo, un día del 2012 el monumento desapareció y nació la amenaza al olvido de Pardo Leal, del genocidio político de la UP y el miedo justificado de que se repita la historia con el actual proceso de paz.

Bibliografía

Galán Sarmiento, Luis Carlos “Palabras del senador Luis Carlos Galán en los funerales del candidato presidencial Jaime Pardo Leal”. Revista Nueva época No. 32. Bogotá, Colombia. Junio de 2009.

Noticias CNMH. “Día para recordar a las víctimas de la UP”. 11 de octubre de 2013.

Orozco, Armando. “La segunda muerte de Pardo Leal”. The Prisma. 10 de junio de 2012.

Ortíz, Ivan. “Jaime Pardo Leal: patriota de la unidad”. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Bogotá, Colombia. 2008.

Redacción judicial. “Exterminio de la UP, crimen de lesa humanidad”. El Espectador. Bogotá, Colombia. 20 de Octubre de 2014.

Romero, Roberto. “Unión Patriótica. Expediente contra el olvido”. Centro de Memoria, Paz y Reconciliación. Bogotá, Colombia. Octubre de 2012.

Semana. “La muerte de Jaime Pardo Leal: así fue el asesinato”. Revista Semana No.367. Bogotá, Colombia. Mayo de 1989.

Verdad Abierta. “Jaime Pardo Leal: la voz silenciada”. 23 de septiembre de 2011.

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