El pueblo que rescató a Juan Manuel Santos

Bojayá, Chocó, pasó de ser uno de los pueblos más victimizados por las Farc, al lugar que le ha dado una mano al presidente luego de su derrota en el plebiscito. Esa población votó en un 96% por el ‘Sí’, persiste en apoyar un acuerdo con la guerrilla y se convirtió en el primer sitio que visitó el jefe de Estado, luego de ganar el Nobel de Paz 2016.

Por: Sergio García Hernández

La contundente victoria que tuvo el ‘Sí’, en la votación del 2 de octubre de 2016 en Bojayá, Chocó, fue una de las pocas noticias positivas que recibió el presidente Juan Manuel Santos ese día, cuando la victoria del ‘No’ impidió que el Acuerdo Final, concretado entre el Gobierno y las Farc, fuera refrendado.

La noticia del 96% de votos para el ‘Sí’ en el municipio chocoano sorprendió al país. Quienes apoyaron el Acuerdo Final lo reseñan como una muestra de que las víctimas del conflicto avalaban lo pactado en La Habana, así el resto del país, por un estrecho margen, lo desaprobara.

Ese resultado rescató a Juan Manuel Santos. Sin el contundente apoyo de Bojayá al Acuerdo Final, el presidente habría tenido menos defensas sobre lo que se pactó con las Farc. A partir de esa votación, el jefe de Estado tomó fuerzas.

El discurso de Santos de hacer ajustes rápidos al Acuerdo se enfocó desde entonces en el afán de las víctimas para que no vuelva la guerra, y de forma impensada los resultados de ese municipio se han convertido en inexplicables e irrefutables por quienes votaron ‘No’.

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El presidente Santos recibe el cristo mutilado, que representa la masacre de Bojayá, en la que murieron 79 personas. Foto: Presidencia.

Por eso, no es extraño que la primera población que visitó el presidente como Premio Nobel de Paz haya sido Bojayá. El pasado domingo 9 de octubre, Santos llegó a ese pueblo y recibió de manos de sus pobladores el símbolo de lo sucedido allí: un cristo mutilado por la explosión del 2002 en la iglesia del pueblo, que dejó como saldo 79 muertos.

Las víctimas de aquella bomba, al ser entrevistadas, dan pistas de las razones que tienen para haber apoyado el Acuerdo Final, como no lo hizo ninguna otra población, y para haber respaldado al presidente Santos, cuando parecía que su intento de paz se hundía.

María Eugenia Palacio, habitante de Bojayá dijo “soy sobreviviente de la masacre y anhelamos la paz para que los niños no vivan lo que nosotros estamos viviendo”.

Entre tanto, William Rivas, también residente del pueblo chocoano, aseveró “somos una de las comunidades más golpeadas por el conflicto armado, pero hoy estamos decididos por el perdón y la reconciliación”.

La determinación por la opción de paz que tienen tanto Palacio como Rivas, no oculta la decepción de casi la totalidad de los habitantes de Bojayá, cuando conocieron los resultados del plebiscito.

Leiner Palacios, líder comunitario de la región, dijo que la votación la recibieron “con mucha tristeza, sobre todo, porque allí en el proceso de paz y en los resultados que se pudieran dar por el ‘Sí’, teníamos toda la ilusión de que el conflicto armado se resolviera de por sí. Eso no se dio, entonces eso nos genera mucha incertidumbre en el territorio”.

La tragedia de Bojayá

El país estaba pendiente de los resultados de la votación del 2 de octubre en Bojayá, pues ese territorio fue centro de una de las más recordadas masacres cometidas por las Farc.

Según narra el informe “Basta ya”, del Centro de Memoria Histórica, el 2 de mayo de 2002, durante los combates librados entre los paramilitares (bloque Élmer Cárdenas) y las Farc por el control territorial, las autodefensas usaron a la población civil como escudo humano al apostarse al lado de la iglesia donde esta se refugiaba.

Por su lado, dice el informe, las Farc utilizaron indiscriminadamente cilindros bomba. “Uno de estos artefactos cayó en la iglesia del pueblo y al explotar ocasionó la muerte a 79 personas, entre ellos 48 niños”, dice el informe.

Una de las versiones recopiladas por el Centro de Memoria Histórica de uno de los sobreviviente narra: “Apenas veíamos que cruzaban las balas por encima nosotros, y gritábamos: nosotros somos civiles, tengan compasión. Y yo recuerdo que del lado de allá nos gritó uno: “¡Qué civiles, sino paracos es que serán! Imagínese dudando de uno en medio de toda la balacera y de todo el sufrimiento. Y ahí íbamos cuando tiraron la pipeta [cilindro de gas], y yo no sé si cayó en la iglesia o ahí cerca, pero de allá era que salía el humo”.

La tragedia de Bojayá fue en su momento uno de los hechos que marcó la agenda política del 2002. Se dio 20 días antes de las elecciones presidenciales, y terminó por impactar esa votación que eligió a Álvaro Uribe como Jefe de Estado, pues era el candidato que mejor comunicó y estructuró su plan para combatir a la Farc.

Casi 15 años después, el mismo pueblo que en 2002 se convirtió en un triste referente de la guerra, hoy es la población que más le apuesta a la paz.

Sin vacilaciones, Bojayá ha dado su respaldo al Acuerdo Final y desde las profundidades del Chocó exige salidas rápidas para que se concrete el proceso de paz.

Esa determinación por la paz, sin duda, rescató a Juan Manuel Santos, tras la derrota que su Gobierno tuvo el pasado 2 de octubre.

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